Un desafío para los niños y la neurodiversidad
El fin de año escolar esta cargado de una multiplicidad de eventos. Así como sucede en la vida adulta, la vida escolar se acelera. El cansancio se acumula, se empieza a oler el fin de año, las vacaciones y las fiestas. Niños y adultos estamos cansados, a la vez la luz del verano y los días mas largos nos regalan como contra cara un poco más de energía.
Llega la época de exámenes, de recuperatorios, de balances, campamentos y los actos de fin de año. Y con ellos muchas emociones encontradas. La alegría por la actividad en si, por actuar, bailar y cantar lo que por mucho tiempo se ensayó. Padres y abuelos que vienen a ver a los niños. Disfraces, colores y luces. Una fiesta de alegría y aprendizaje, pero también una serie de desafíos y emociones a tener en cuenta para que sea una experiencia divertida, educativa y positiva para todos los niños.
Aspectos a tener en cuenta
Es usual cuando los padres vamos a los actos y dramatizaciones de fin de año ver todo tipo de situaciones. Desde el niño que es feliz en el escenario, el que se muere de vergüenza y el que entra en estado de crisis absoluta. De ahí un amplio rango de variables y diferencias individuales. Lo cierto es que los actos de fin de año son y han de ser una experiencia de aprendizaje, de crecimiento. Cada niño en ese escenario se enfrenta a desafíos de aprendizaje grupales e individuales. Desde lo académico, lo emocional, lo actitudinal, lo motriz, el lenguaje etc….
Por lo cual tener presente esto es fundamental, pero sobre todo hacer de la experiencia de la obra teatral o acto una experiencia realmente inclusiva.
Estrategias
El sonido: Para los niños con TEA, el nivel del sonido es una desafío. Eso se puede ir trabajando a lo largo del año, pero si esto resulta una limitante es fundamental adecuar los niveles de sonido para que no sea desreguladora. A su vez proveer de espacios de regulación y de “tiempo fuera” para que pueda descansar.
Las luces: Esto mismo sucede con la intensidad de las luces cuando la propuesta es mas teatral al estilo “concerts” para algunos niños con alta sensibilidad.
La motricidad: Que todos lo niños pueden movilizarse en el espacio, sintiéndose seguros y autónomos. Más allá de las diferentes coreografías, que todos los alumnos, con movilidad reducida o no, se sientan brillar. Que sea un espacio para moverse seguros y cómodos. De fácil ingreso y egreso.
La complejidad: La complejidad de los papeles debe ajustarse a las posibilidades y diferencias individuales de los niños, buscando que su manera y a su estilo tengan un rol en aquella obra que les resulte motivante y desafiante.
La articulación: Que en la obra el mensaje se de articulación. Que le niño en la silla de ruedas pueda pasar el centro en su momento, o el niño con TEA decir sus palabras o el niño con síndrome de Down actuar a la par que sus pares.
La enseñanza: La clave es pensar la obra como desafío grupal e individual. Buscando que cada niño brille, disfrute y aprenda desde sus diferencias individuales formando parte de un todo.
Estar atentos como adultos a que cuestiones pueden atentar contra ese disfrute y cuidar de este momento fuertemente, porque, en definitiva, en estos espacios se tejen grandes recuerdos. Depende de nosotros adultos, padres y educadores, de que sean positivos.