Autismo en mujeres

Se estima que 1 de cada 68 niños son diagnosticados dentro del espectro autista en la República Argentina y que esta proporción va en aumento. También se estimaba que esta proporción es de 1 niña cada 4 varones y hoy se sabe que lentamente esta proporción se está equiparando al menos de 2 cada 4.  Lógicamente, con cifras en mano, los teóricos comenzaron a preguntarse si eso tenía que ver con alguna cuestión asociados a la genética o mismo a las diferencias anatómicas entre los cerebros, a cuestiones hormonales y a otras tantas teorías más. Sin conclusiones fuertes aún en base a esto, si se sabe que esa diferencia en un punto tiene que ver con algo muy específico: la diferencia sintomática. Es decir, el autismo en mujeres se expresa de manera diferente que en los varones y eso hace que no siempre sea diagnosticado y que por ende no firme parte de las estadísticas.

Se cree que los síntomas en las mujeres con autismo difieren bastante de las del hombre en diferentes cuestiones. Mas allá de las variaciones diagnosticas que ha sufrido el trastorno del espectro autista desde su primera aproximación, se concuerda en que para diagnosticar a alguien dentro del espectro autista deben estar presentes los siguientes síntomas según el DSM V:

Dificultades o alteraciones en la comunicación social y en la interacción social y la presencia y persistencia de conductas intensas que se repiten y que resultan muy restringidas. Son personas con dificultad para interactuar socialmente, manejar códigos sociales y que persisten en intereses muy circunscriptos y a veces atípicos. La sensorialidad también se ve alterada en diferentes matices.

Cabe aclararse que se trata de un espectro lo que hace que haya variaciones y grados de uno y de otro según el individuo.

En resumidas cuentas, esto se ve por la:

  • Dificultades en la comunicación
  • Alteraciones en la sociabilización
  • Falta de contacto visual
  • Inflexibilidad ante los cambios
  • Intereses restringidos
  • Alteraciones en la sensorialidad
  • Dispraxia

Lógicamente estas pueden variar y aquí es importante enfocarse en la diferencia en las mujeres y en el porque por tanto tiempo han sido subdiagnosticadas:

Conductas e intereses restringidos

Una de las principales diferencias que tienen las mujeres es que presentan menor intensidad de conductas repetitivas o estereotipadas que los varones. En cuanto a los intereses, los varones presentan intereses más restringidos e intensos sobre un tema que lo que respecta a sus pares. En cambio, en las mujeres esta diferencia es más sutil. Las mujeres pueden jugar a juegos típicos de su edad, en un aparente juego simbólico muy similar al de sus pares. Pero en un doble click sobre el tema y una observación de ese momento del juego, se puede observar que ese juego o eseso guiones son más bien rígidos e inflexibles. 

La comunicación

La comunicación se ve más preservada no siendo siempre tan notorio sus alteraciones o limitaciones.

El masking o camuflaje

Pero sobre todo uno de los hallazgos más importantes con respecto a este tema tiene que ver con lo que se conoce con el nombre de “Masking”. El Masking también conocido como camuflaje, es la capacidad que tienen las niñas y mujeres del espectro autista de analizar, observar, practicar, aprender e incorporar las formas sociales usualmente utilizadas y aceptadas por su entorno. Esta capacidad que tienen les permite adaptarse exitosamente, pero a costa de un gran esfuerzo de energía y a costa de sobrellevar solas muchas cuestiones inherentes a su condición. Practican los guiones sociales aprendidos y los repiten.

Diferencias culturales

Culturalmente es menos detectado cuando una niña es retraída, sumisa y sobre adaptada. Con lo cual cuando este retraimiento y evitación sucede en varones llama más la atención.

El autismo en mujeres es distinto al de los varones. La importancia de este tema implica salirse de los clichés a la hora de la alerta temprana, saber que el autismo femenino no se expresa tan prototípicamente en varones como en mujeres. Y que un diagnostico temprano como siempre permite acompañar, proteger y estimular a la persona que sufre este trastorno. El autoconocimiento es una pieza fundamental en la autoaceptación y la gestión adecuada de nuestras emociones y nuestra salud mental. 

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